viernes, 15 de julio de 2016

Hatillo de lecturas de estío



Hatillo de lecturas de estío




Llega el tiempo libro, el tiempo en el que los relojes marcan días de asuetos, noches largas, días luminosos hasta el extremo, días en los que el tiempo, dilatado, se derrite. Como un ramillete de títulos necesarios, extiendo este cheque literario al portador.

* La mujer de pie, de Chantal Maillard (Galaxia Gutenberg). Un libro hipnótico, cargado de ácido lisérgico para las almas abandonadas de prejuicios. Un texto del que resulta imposible salir indemne. Lírico, contundente, asombroso, extraordinario, que nos lleva de la mano al corazón mismo de la mirada poética.

* Fuera de sitio, de Antonio Lucas (Visor). La poesía reunida de este madrileño nos regala un sinfín de imágenes imantadas, de metáforas en las que solo cabe celebrar lo posible de la vida, y un discurso sólido en el que, a pesar de todo, reivindica la exigencia de un estar vivo.

* Materia oscura, Ángel Zapata (Páginas de espuma). No hay nada mejor en estos tiempos de excesiva legislación para los comportamientos que la hendidura a lo real del desconcierto. Este conjunto de cuentos (uno renace especialmente después de leer el primero de ellos, ‘Cosmogonía’) permiten mirar al modo cortazariano, mirar sin comprender del todo para incorporar el estupor como causa y método poético. Rebelión, subversión y humor racheado.

martes, 21 de junio de 2016

Entrevista a la filósofa Victoria Camps


Victoria Camps, filósofa


La Ética no puede partir 
nunca del relativismo




Dudar y aceptar la manifestación de fragilidad que ello supone. Dudar incluso de aquello que se nos impone desde la contundencia de las vísceras. Dudar sin miedo, a oscuras, para decidir, para ejercer la libertad de la elección, aunque sea equivocada. Colocarse por sombrero un signo de interrogación antes de nada, para que después de todo, todo haya sido consciente. De todo esto nos habla Victoria Camps (Barcelona, 1941), catedrática emérita de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Barcelona, en su último trabajo, ‘Elogio de la duda’ (Arpa editorial).


Leo en la portada “todo lo que es podría ser de otra manera”, eso me lleva a pensar en el humor. ¿Duda y humor están emparentados?
Creo que sí, están relacionados y, de hecho, filósofos como Montaigne o Montesquieu los han relacionado; el tomar distancia de lo que damos por supuesto, de lo que nos parece obvio es ejercer la ironía, comparar lo que damos por bueno con otras coas que desconocíamos o rechazábamos por principio y que resulta que tal vez son mejores que las nuestras. Ese ejercicio de dudar es tomar distancia y, por tanto ironía, así llegamos al humor. Es como cuando Montaigne se pregunta por los caníbales, ¿realmente comerse a otras personas es tan malo? Y razona que, en Francia, hay usureros que, en sentido metafórico, se comen a las viudas y las exprimen, otra una forma canibalismo...

martes, 24 de mayo de 2016

ENTREVISTA A ANTONIO COLINAS


Antonio Colinas, poeta



“He unido la poesía a la vida, 
el proceso de vivir con el que crear”



Pocos reconocimientos le quedaban en su haber. Ahora, uno menos, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (que obtuvo, en la pasada edición, la uruguaya Ida Vitale). Poeta de lo sagrado, del verso cincelado en la cultura de quienes nos precedieron, del amor a la palabra (no es un pleonasmo siendo poeta, créanlo), de la introspección, Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946) nos entrega sus recuerdo venidos del agua en ‘memorias del estanque’ (Siruela).


lunes, 16 de mayo de 2016

Entrevista al escritor Fernando Lorente


Fernando Lorente, escritor


“La actitud es esencial 
para que las cosas tengan posibilidad de ocurrir”





Érase una vez un cocodrilo distinto. Coliver. No sólo porque tenía la cola verde, sino porque era vegetariano, y en vez de comerse a las garzas, y los corzos o a cualquier otro animal, jugaba con ellos. Había otro cocodrilo distinto. Coliné. Tenía la cola negra y una furia también umbría, como por la pena, casi bruna. Pero estaban destinados a entenderse. Fernando Lorente (Madrid, 1958) nos regala este delicioso y tierno cuento infantil sembrado de matices.

El relato, entre otras dedicatorias, se brinda a quienes “aman la vida”. ¿Quiénes y cómo son quienes la aman?

Para mí las personas que aman la vida son las que se levantan cada día con la intención de VIVIRLA con mayúsculas, esas que ya se han percatado de que vivir es un viaje imprevisible; esas que saben que para llegar a su destino pueden transitar muchos caminos, pero nunca perder su Norte.   Este es un tema que tengo muy meditado y que suelo apoyar en tres citas, a modo de aviso a los navegantes.  La primera: Primum Non Nocere (lo primero no hacer daño), atribuida a Hipócrates: no perjudicar a nadie con nuestras acciones u omisiones.  La segunda se podría resumir en la frase Adiós al miedo, que permitiría aprender a combatir el miedo paralizante (no confundirlo con el miedo “necesario” que nos protege), y que me parece que recoge a la perfección la letanía de la Hermandad Bene Gesserit de la novela Dune: "No debo temer. El miedo es el asesino de la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando ya haya pasado giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo permaneceré  yo".  La tercera y última norma la resumiría la palabra Autoestima, esa cualidad interior  que nos permite amarnos a nosotros mismos y que nos facilitará amar a los demás... Walt Whitman lo expresó de forma insuperable en su Canto a mí mismo: Me celebro y me canto a mí mismo, / y lo que diga ahora de mí, lo digo de ti, / porque lo que yo tengo lo tienes tú / y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también... Fíjate si es una norma asumida que ya figuraba en mi invitación de boda allende los tiempos...  

viernes, 8 de abril de 2016

Entrevista a Miguel Albero


Miguel Albero, escritor
“Nuestra vida está marcada por la espera desde todo punto de vista”

Bergamín, que era un poeta afilado e impertinente, incomodaba siempre dándole la vuelta a las cosas, más por incordiar y zarandear al que lee. Pero con retranca. Decía, por ejemplo: “el valor espera; el miedo va a buscar”. Justo la antítesis que sostiene en su libro Miguel Alberto (Madrid, 1967) ‘Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera’ (Páginas de espuma), VII Premio Málaga de Ensayo, en el que se recrea en la espera etimológica, literaria, existencial, metafísica, prosaica... Al fin y al cabo, estos de esperar es fieramente  humano, y mientras vive, el hombre todo puede esperar.




¿Se ha desesperado mucho escribiendo este ensayo?
No, como una de las fórmulas que hay para combatir la espera es hacer algo creativo...

... en el momento en uno se ocupa en otra cosa, desaparece la espera.
Exacto, dejas de esperar.

Para los no creativos, ¿cuál es el mejor remedio para entretener la espera?
La pueden entretener con algo práctico, un pasatiempo, por ejemplo. Spinoza, que se dedicó a hacer lentes, asegura que hay que trasladar la espera a algo práctico, un puzzle, la lectura de un libro...

¿Cómo surge la idea de escribir este tratado, ensayo o vademécum de la espera?
El origen, como en el libro ‘Instrucciones para fracasar mejor’, es etimológico, me divierte y me interesa mucho la etimología, de hecho, puse de mi lista de bodas el diccionario de Corominas... el español es el único idioma en el que esperar de aguardar y esperar de anhelar usa el mismo verbo; primero empecé con un libro de poemas, ‘Listas de espera’, y, como soy de naturaleza un poco obsesiva, comencé a acumular información y decidí escribir este ensayo.

¿Qué consecuencia tiene el que una misma palabra, esperar, contenga y no la esperanza?
Terribles porque nos hace pasivos. Pero no siempre fue así, en el ‘’Diálogo de la Lengua’, Juan Valdés ya lo anuncia, y Corominas lo recoge, existía el verbo ‘asperar’, para referirnos a esa espera sin esperanza, pero fonéticamente eran tan parecidos que se terminaron confundiendo. Que se emplee el mismo verbo nos hace seres pasivos, en vez de ir a por las cosas esperamos esperando.

Es decir, que esperar tiene más de resignación que de contentamiento...
Sí, es la parte peor de esa confusión... nunca sabes si como somos precede al idioma o es al revés... la espera, en su parte pasiva, no tiene límite, en su parte activa puedes dejar de esperar y, en este caso, en el que aguardamos a que las cosas ocurran (la revolución, la venida del Espíritu Santo o de tu novia), nos volvemos pasivos.

¿Cuando hay esperanza no hay espera?
Hay una espera esperanzada, la amorosa, la de Penélope, una espera asociada a la esperanza; su contrapunto es la angustiosa. La espera  esperanzada incluye la mesiánica, la amorosa y la utópica. Su contrapunto, la angustiosa, la sin esperanza. La más terrible es la espera de la nada, la existencial, pero la espera esperanzada puede ir o no unida a la actividad.

¿A Penélope le mereció la pena la espera?
No lo sé... duró mucho... igual que Godot es la espera existencial, ella representa la espera amorosa, otra cosa muy machista, porque se supone que la mujer espera y el hombre, que es cazador, viaja y tiene un amor en cada puerto. Esto, que parece muy antiguo, no lo es tanto. Hace poco, estuve viendo una exposición en Centroamérica llamada ‘Penélopes’, sobre estas mujeres centroamericanas cuyos maridos han emigrado a Estados Unidos, y a los que les toca, a pesar de todo, esperar.

Quizás por la espera de los nueves meses...
Esperamos desde que nacemos, “esperamos” gemelos y, hasta cuando morimos, los familiares han de esperar veinticuatro horas para enterrarnos. Entre esos dos momentos, toda la vida es espera.

¿Esperan mejor ellas o ellos?
Para Roland Barthes, que estudió el mito de Penélope, ellas, lo cual no es bueno, es machista, porque el poder no espera, el poder hace esperar, y si estás acostumbrado a esperar es que no tienes poder.

¿La más dura es la espera de la muerte?
Desde luego, es la más angustiosa. En el libro recojo el caso de Iwao Hakamada, que ostenta el record guiness de espera angustiosa: 48 años en el corredor de la muerte, con una espera de la muerte cierta, levantándose todas las mañanas sin saber si ese sería el día. Se volvió loco, como no pudo ser de otra manera. La muerte es lo único que hace que dejemos de esperar porque uno de los elementos de la espera es la consciencia y la muerte implica falta de consciencia.

¿Qué tal se nos da esto de esperar a los españoles?
Buena pregunta... no sé, Cernuda, en ‘Variaciones para un tema mejicano’, aseguraba que los mejicanos estaban más capacitados para reposar, posiblemente tiene que ver con el clima; los pueblos sajones son cazadores, están acostumbrados a hacer cosas... no sé los españoles... En cualquier caso, estamos en periodo de espera político...

 
¿Puede decirse que Rajoy ‘aspera’ (sin esperanza) y Pedro Sánchez espera esperanzado?
Jejeje... esperan todos... a que se muevan los demás... y ese esperar hace que las cosas no se solucionen. Ojalá dejaran de esperar y fueran más activos.

La espera, ¿es un asunto metafísico, mundano, administrativo, metafórico?
Es todo eso, la administración es una buena forma de espera, la manera que tiene el poder de hacerte esperar, el “vuelva usted mañana”, “acostúmbrese a que las cosas no van a ser fáciles”... también es metafísico, la existencial, la de Godot, que da título al libro... nuestra vida está marcada por la espera desde todo punto de vista.

Es curioso, a veces el lenguaje nos depara paradojas, como cuando uno ‘hace tiempo’ (como si el tiempo fuera ganchillo) mientras espera...
Es una expresión preciosa, la espera está hecha de tiempo, más psicológico que cronológico, ‘hacer tiempo’ es metáfora de esperar muy bonita, del tiempo psicológico, del que se percibe, de ese reloj de arena, instrumento perfecto para  medir la espera porque no te cuenta la hora en la que estás sino simplemente lo que te falta. Por cierto que hubo una época en la que las cenizas de los muertos se guardaban en relojes de arena.

Parece un cuadro de Valdés Leal...
Fíjate, ni muerto uno puede descansar a veces...

¿Cuál es la espera que menos nos cuesta y la que más desasosiego produce?
La que más nos desespera es la angustiosa, la espera de algo malo, la incertidumbre es lo que más te desespera; la espera más grata es la espera cierta, cuando sabes que esperas dos minutos más y serás atendido, esa se soporta mucho mejor.

¿Cómo nos llevamos con los lugares de tránsito, las salas de espera, las colas..?
Probablemente, si hiciéramos cola en la calle la gente se apuntaría sin saber muy bien para qué... los instrumentos para albergar la espera que tienen un lado muy bonito y literario, las estaciones de ferrocarril, y otros más frío, el aeropuerto, en el que te pasas todo el día esperando. Andrés Newman me contó una anécdota muy bonita sobre su abuela argentina quien, sentada en un aeropuerto mirando los paneles de los vuelos, perdió el suyo.

¿La espera también produce cierto placer en ocasiones?
Sí, en la espera se puede generar placer en la medida en que puedas asumirla.

De todos los autores visitados, ¿cuál cree que trata el asunto de la espera con mayor hondura?
Me asombra el texto de Beckett, me resulta muy curiosa la obra y el hecho de que se siga representando, sobre todo sabiendo que no viene Godot; eligió el teatro porque no quería hablar de la espera sino construir espera.

 También repara en el ensayo en la figura del Macguffin, esa charada, ese truco que desvía nuestra atención...
Es un invento de Hitchcock, la vida es así, estamos acostumbrados a esas series norteamericanas en las que sale un personaje y sabes que en algún momento cobrará importancia. El Macguffin te desvía la atención hacia algo que esperas que vuelva pero no lo hace.

¿Cómo saber en qué momento dejar de esperar y pasar a la acción?
Cuando intentamos evitar la espera o cuando la nuestra es una espera esperanzada, cuando queremos que las cosas sucedan.

¿Toda espera lleva impaciencia implícita?
Sí, la paciencia es un remedio terrible para la espera, porque viene del latín patere, sufrir pasivo, y es como decirle a un hambriento que ayune. Si no te queda otra...

¿Requiere cierta disposición de ánimo, la espera?
Como es inevitable en muchos casos, la sufrimos igual con o sin disposición, cuando no somos conscientes de esa espera es cuando mejor la pasamos. Cuando estás en una sala de espera y te encuentra a un amigo, por ejemplo.

Y la espera contemplativa, ¿tiene un punto de masoquista?
Sí, salvo que se consiga el auténtico propósito de la espera contemplativa de los budistas o los monjes, eliminar la tendencia, no querer, no desear, no necesitar. Si todo eso se da, se extirpa la espera.
 
¿El deseo es la causa principal de la espera?
Sí, el deseo entendido de forma más laxa como la tendencia, la idea de que tendemos a movernos, a querer cosas, y por eso nos desespera, quiero esto y no sucede; si actuamos se nos hace más corto, el deseo es el componente que hace que esperes.

Los niños, ¿llevan peor la espera?
Claro, como todavía no están domesticados son pura tendencia, todo el que ha tenido un niño sabes que el niño no para quieto y su tendencia es que estén menos preparado para esperar; luego la vida la experiencia y los años te hacen aprenden.
 
Por contra, ¿los ancianos esperan mejor?
Sí, lo cual es terrible porque indica que son más sumisos, que están más domesticados.

En esta sociedad actual, en la que todo es vertiginoso, ¿qué papel cumple la espera?
Hemos concebido un mundo vertiginoso en el que nos da miedo pararnos y solo cuando nos paramos pensamos. Esa es su función, permitirnos pensar.
 
Otro capítulos fascinante de su ensayo, al espera tipográfica, el uso de las comas, de los puntos suspensivos...
Puede utilizarse como un recursos narrativo, el suspense, eso es pura espera; está la propia coma, que cada vez utilizamos con menos frecuencia...


¿Es Miguel Albero un hombre paciente?
Como soy mayor, estoy acostumbrado a esperar; además tengo la manía de la puntualidad pero vivo en Latinoamérica, donde esa no es una virtud...


Kavafis también esperó una eternidad a que vinieran los bárbaros, da cuenta en su hermoso poema...
Sí, la espera del otro, del enemigo que me justifica, el otro que me hace ser yo, es un poema precioso que habla de los que nunca llegan.


Del otro, ¿qué conviene esperar?
Creo que estás usando la espera esperanzada para hacer esta pregunta... conviene esperar todo, pero no que el otro sea quien te justifique, no identificarnos solo en lo que somos por el otro.  En cualquier caso, hay que esperar del otro lo mejor.

¿Vendrá Godot, en algún momento?
Para mí llegó en forma de premio, y de libro. Pero tengo malas noticias: estamos condenados a esperar.
 
Esther Peñas
*Fotografías de Javier Lorente.

jueves, 31 de marzo de 2016

ENTREVISTA A JESÚS MARCHAMALO



Jesús Marchamalo, periodista y escritor

“Las biografías ganan verosimilitud a través de 
los pequeños detalles”



“Vestía traje oscuro (...) y un bigotito isósceles, ralo y rojizo, que parecía teñido de azafrán, como si se le hubiese oxidado lentamente y precisara de una mano de minio!. Así comienza ‘Pessoa, gas y pajarita’ (Nórdica libros) una biografía flacucha –como la Hepburn a ojos de Bogart- en tanto a cuerpo pero exquisita en sus maneras y nutritiva en lo que cuenta. Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) nos ofrece una mirada sobre el poeta “de rostro lampiño, como un plato de loza” de la mano del ilustrador Antonio Santos.

Qué bonita esta colección, y qué bien escrita, porque, aunque no interese a priori el personaje, leyendo las primeras líneas, el lector queda cautivo de esa prosa tuya, tan tuya.
La colección nació de una forma accidental. Yo siempre, por Navidad, regalo ‘algo’ a los amigos, me gusta tener una complicidad con ellos. Hace tres años, le propuse a Antonio Santos hacer algo sobre Baroja, de quien tenía un texto,  algo muy casero, que ilustrase ese texto. Y de ese proceso fue testigo Diego Moreno, de Nórdica, y nos propuso hacer un libro. Un libro en Nórdica. ¿Cómo decir que no? Así que hace tres años salió un librito con el mismo tamaño e idéntico papel, ‘Baroja con abrigo’, que funcionó muy bien, y que nos sirvió para regalar a nuestros amigos, incluso Nórdica lo utilizó, digamos,  como regalo de empresa. Hubo tres ediciones en tres meses, y nos gustó mucho trabajar los tres.

jueves, 25 de febrero de 2016

ENTREVISTA A ANDRÉS TRAPIELLO


Andrés Trapiello, escritor


Me pasaría tres vidas, si me las dieran, 
contando las de los demás.



Lo suyo resulta –visto desde fuera- un empeño titánico. ‘Seré duda’ (Pre-Textos) es la décimo novena entrega de su particular modo de contar la vida, ‘El Salón de los Pasos Perdidos’, una versión menos pretenciosa que los galdosianos Episodios Nacionales, mezcla de diarios, novelas, anotaciones a vuela pluma, ensayo... Los ha cuantificado: nueve mil páginas. “Contarlas ha sido de las cosas más tristes que he hecho”. Pero este título comienza con novedades: seis prólogos, de fuste ánimo y tono modulable. Seguro que su apuesta le depara más alegría que su candidatura al Senado por UPyD (ocupaba el número dos en las listas). Claro, hablamos de (y con) Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953).

Para ‘ser duda’, la afirmación es taxativa...
Se habla en este título (que procede de la jerga deportiva:“Fulano será duda en el partido del domingo”) de la actitud que hemos de tener siempre, principalmente con nuestras convicciones, a menudo sostenidas por la autocomplacencia y los prejuicios.