martes, 8 de diciembre de 2015

ÉRASE CARMEN MARTÍN GAITE


Érase Carmen Martín Gaite


                                                          
Dedicado a la emperatriz de los vencejos


Érase una mujer de gesto sufrido y sonrisa de hada, de mirada encriptada y manos de partitura, que quebraba las maneras con el detalle insólito. Érase una escritora en búsqueda sostenida que miraba por la ventana de un paisaje que hizo suyo, una escritora que convocaba la complicidad de cuantos se acercaban a sus historias y que consiguió convertir su literatura en estado y geografía, en cuerpo y ánimo. Érase Carmen Martín Gaite (Salamanca, 8 de diciembre de 1925- Madrid, 23 de julio de 2000).

Lo suyo, su vida, sus textos, son ‘El cuento de nunca acabar’. Cuento, no tanto como género sino como esencia, fuera, acaso, su modo de estar en la vida. Cuento como narración oral. Leer a Carmen MartinGaite es, más que leer, escuchar. Algo sucede en el modo que tiene de ir zurciendo con palabras sus historias. La convención de la escritura, esa distinción sutil que por darse en diferido tras la previa reflexión le confiere un correcto acabado, se permuta en Martín Gaiteen la frescura y cercanía de la oralidad, sin perder por ello una humilde elegancia en las formas.
La figura del narrador se disipa, y uno siente que quien le está contando aquello es ella misma. Cada autor con vocación de clásico lo es por su impronta única, tan personal. Martín Gaite hace posible el don del acompañamiento, de hacerse presente –y casi corpórea- cuando uno la lee. Y, sin embargo, no dictamina, ni enjuicia, ni limita. Porque es un ser fronterizo. Entre el sueño y la vigilia, entre la denuncia y la comprensión, entre la terneza y lo severo, entre lo hermoso y lo descarnado, entre lo público y lo férreo de su intimidad. Entre ella y el otro, la palabra.

martes, 17 de noviembre de 2015

ENTREVISTA A ÁNGELES CASO


ÁNGELES CASO

“Escribes por poner un poco de orden 
en el caos”





Tres hermanas. Tres mujeres que comparten el cuidado de su padre, de su hermano –a la deriva en la resaca del alcohol, que hacen la casa y zurcen las camisas. Tres escritoras que en la intimidad de la cocina se participan sus inquietudes literarias, y se acompañan en sus historias. Tres. Charlotte, Emily, Anne. Brontë de apellido. Ángeles Caso ha querido acercarse a la intimidad de estas tres jóvenes en su última novela, ‘Todo ese fuego’ (Planeta), una narración (parte recreada, parte fidedigna) que permite al lector asombrarse de la sencillez de la grandeza, en tantos órdenes.



De estas tres mujeres, que cuando uno va leyendo la novela ve que tiene muchas cosas en común, aunque también cada una su propia personalidad,  ¿por cual ha sentido más querencia?

Emily tiene algo especial... Es una mujer extraordinaria; lo que más impresiona de ella, sobre todo, es pensar que fue un genio, porque realmente lo era, y ni siquiera fue consciente de ello. Lo vivió todo con una naturalidad y una tranquilidad absoluta, sin darle ninguna importancia, a pesar de que los escritores tendemos a llenarnos de nuestro propio ego.

Que Emily dejase no de escribir pero sí de publicar, ¿es un acto de rendición, de desquite, de inseguridad..?

Es un acto de independencia. Es decir, era una mujer que había conseguido ser autosuficiente en su propio mundo. Era feliz leyendo poemas mientras pelaba patatas, caminando por los montes, teniendo sus momentos de éxtasis místico. Se había sentido desvirgada por la lectura de los demás. Digo desvirgada porque es una expresión que utiliza el pintor Paul Gauguin en algún momento. Dice que, cuando cuelga sus cuadros en alguna exposición, siente que los espectadores están desvirgando su alma. Sospecho que Emily sentía algo similar. Trata de evitar una excesiva exposición ante los demás y se decanta por vivir hacia dentro. Digamos que era una mujer profundamente secreta.

Leyendo el libro, y aunque siempre se ha dado por sentado que el oficio de escritor es un oficio solitario, da la sensación de que sin esa urdimbre personal entre las tres hermanas no se hubiera dado esa triple faceta literaria.
Es muy probable. Cuando son niñas y adolescentes tejen ese mundo propio de escribir y seguramente ninguno de ellas en solitario hubiera sido capaz de desarrollar ese talento inmenso que desarrollaron. Realmente es un milagro de la historia lo que ocurre en esa casa entre esas cuatro personas (incluyo, aparte de las tres hermanas, al hermano, Branwell, que se autodestruye). Pero esas tres personas alimentándose el talento, un talento desmesurado, es una cosa única, con una energía especial.


jueves, 22 de octubre de 2015

Entrevista a Chantal Maillard


La mente es la siempre hambrienta.




Hay lecturas de las que uno no sale indemne. Lecturas que modifican el ángulo. Que dejan traza. Lecturas después de las cuales uno ya no es (el mismo) para ser (un tanto el otro). ‘La mujer de pie’ (Galaxia Guterberg), por ejemplo, un texto que no es poesía, no es ensayo, no es novela. Es una escucha. Una voz que exige interlocutor y que se convierte, en cierto modo, en diálogo intersubjetivo. Es una reflexión sostenida llena de hilos y de husos, que sugiere, apunta, propone, insinúa. Uno no va solo por entre estas páginas hipnóticas, uno se siente acompañado a cada palabra. Su autora, Chantal Maillard (Bruselas, 1951) vuelve a conseguirlo: e-mocionar, con-mover, per-turbar, des-colocar. Ya lo advierte. Ella escribe “para que el agua envenenada pueda beberse”.


“No poder sentarse. Quedar de pie, lo justo. Herido en la base. Cuerpo sin sujeción”. La mujer de pie, ¿qué perspectiva adquiere sobre la vida?

La mujer de pie es alguien que no puede sentarse. Imagine. ¿Lo siente? No puede. Nadie se duele en cuerpo ajeno. Por eso la mujer de pie ha de ser un ejercicio de imaginación: usted es alguien que no puede sentarse. Detrás del visillo que vemos moverse en cualquier ventana puede haber un cuerpo malherido, mutilado, discapacitado o simplemente envejecido. Usted es ese cuerpo. Imagine.


Cuando uno está en el límite, como quien oye/escucha en la primera parte del libro, ¿ese límite distorsiona lo que se oye o, por el contrario, nos aclara y aporta nitidez?

miércoles, 7 de octubre de 2015

Entrevista a MENCHU GUTIÉRREZ (II).



“Somos también con aquello que nos falta”



Menchu Gutiérrez, poeta




La poesía de Menchu Gutiérrez nos adentra en el terreno exacto de lo impredecible: todo lo que parece queda trastocado por la propuesta de su verso. En su último libro, ‘Lo extraño, la raíz’ (Vaso Roto) quiebra la línea de la secuencia lógica para preguntarse por los bordes y su vigencia, por los límites y su equívoco, por lo que somos, lo que creemos que somos, cuanto no sabemos que somos y, sobre todo, por lo que estamos siendo. Magnífico el poema inaugural, entusiasmado. Leyendo este poemario, sutil, contundente en su incertidumbre, es imposible no acatar el precepto:  “No te resistas al peso de la luz”.



El río, la escalera, el tren, la nebulosa, incluso la montaña porque dicta... los capítulos –acaso constelaciones- que componen el poemario imprimen movimiento. ¿Es posible o necesario pararse en la vida, detener el poema?

Aunque la detención real no exista, y en la vida todo participe de un movimiento constante, el poema actúa como una suerte de cristalización que también forma parte de nosotros. El río se detiene para preguntarse qué es el río, la escalera deja de ascenderse o descenderse para preguntarse por la naturaleza de los peldaños.

¿Cuánto de lo extraño habitaba ya en nosotros?

Desconocemos gran parte de lo que somos, entre otras cosas porque nuestras herramientas de conocimiento son muy pobres. La poesía nos ayuda en esa tarea.

martes, 22 de septiembre de 2015

Entrevista a JULIO LLAMAZARES.



“Las pérdidas se van sumando a la identidad.”



Julio Llamazares, escritor




Las historias de Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955) siempre emocionan por lo cotidiano. Parece que no ocurre nada en ellas, pero acontece la vida. En su último libro, ‘Distintas formas de mirar el agua’ (Alfaguara), el autor se vale de distintos personajes para contarnos la condición de exiliado de los vecinos de pueblos sumergidos en pantanos, la pérdida del lugar de residencia –y lo que ello conlleva- y las trenzadas relaciones familiares. Dijo que poeta que cada cual cuenta la guerra desde donde perdió el corazón. Esos mismos emplazamientos anímicos son los que permiten acercarse a una realidad desde distintos prismas. La literatura, en definitiva, que siempre relativiza nuestra propia voz, por más unívoca que tratemos de alzarla.

De las distintas maneras de mirar el agua, ¿cuál es la suya?
Buena pregunta a estas horas de la mañana.... a lo largo de mi vida me han preguntado cuál es mi mirada sobre la historia que cuenta esta novela y nunca he sabido muy bien qué responder... a la gente le llama la atención que hayas nacido en un pueblo que está bajo el agua y siempre respondía con lo primero que se me ocurría, pero nunca he quedado satisfecho del todo, seguramente porque no hay una respuesta concreta, es como si yo te pregunto que cómo te ha influido tal o cual cosa... esta novela, más que respuestas, lo que plantea son preguntas, y surge de la necesidad de contarme a mí mismo y a los lectores qué ha significado para mí este acontecimiento de mi vida.

De ahí que no haya una voz narrativa sino múltiples narradores...
Desconfío de una voz única; seguramente la suma de todas esas voces sería la mía pero tampoco lo tengo claro, tengo muy pocas cosas claras en la vida y menos en literatura...

jueves, 30 de julio de 2015

Entrevista a José Teruel, profesor titular del Departamento de Filología Española de la UAM.


“Para Martín Gaite todo era un cuento 

que tenía que estar bien contado”



La literatura de Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925, Madrid, 2000) resulta familiar y fascinante. Acoge y recoge. Y es cordial en dos direcciones: recuerda –etimológicamente vuelve a llevar al corazón- y acuerda –une corazones, el suyo, el del lector-). Espasa-Círculo de Lectores acaba de publicar la cuarta entrega de sus Obras Completas, ‘Ensayos I. Investigación histórica’, que incluye ‘El proceso de Macanaz. Historia de un empapelamiento’, ‘Usos amorosos del dieciocho en España’, ‘El conde de Guadalhorce, su época y su labor’ y ‘Usos amorosos de la posguerra española’. En cada uno de estos títulos, la salamantina tiene la capacidad de invitar al lector en una querencia que aunque tal vez no sea suya, acaba sintiéndola como tal, llevando a sus últimas consecuencias aquel principio que tanto gustaba repetir: “mientras quede vida, hablemos de vida”. La edición, a cargo de José Teruel, profesor titular del Departamento de Filología Española de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid. Con él nos acercamos a esta obra.

sábado, 20 de junio de 2015

ENTREVISTA A ELENA MEDEL

  
“En Machado, el amor siempre es una excusa
 para hablar de otras cosas”




Hay poetas inagotables. Por su vida, por su proyección, por su huella, por su legado. Nunca está todo dicho sobre ellos. Son infinitos, como las interpretaciones a las que sus versos, su intención, sus requiebros, dan pie. Buena muestra es ‘El mundo mago. Cómo vivir con Antonio Machado’ (Ariel), en el que Elena Medel pauta las diferentes temáticas que vertebran su obra (uno mismo, los sueños, la soledad, la muerte, la fe, la felicidad, la familia...) El resultado: una estival excusa (como si hiciese falta) para abandonarse a quien escribiera esa profunda reflexión de “hoy es siempre todavía”.




lunes, 1 de junio de 2015

ELOGIO DEL CAMINAR, de LE BRETON




El antropólogo Le Breton reflexiona sobre este acto

Elogio del caminar





“Caminar es una apertura al mundo”. Con esta emocionante apertura comienza el antropólogo francés David Le Breton (1953) su reflexión sobre la cartografía (anímica, paisajística, física, fisiológica, mística) de este acto convencido y consecuente en  ‘Elogio del caminar’ (Siruela).Por si no fuera lo suficientemente sugerente el asunto y la cita inicial no nos besara en los labios inaugurando, el pórtico –el umbral del camino- corre a cargo de una de las mentes más poéticas del XX, Gaston  Bachelard (imprescindible leerlo en las traducciones de Ernestina de Champourcín e Ida Vitale) como contrapunto: el caminar es un acto físico, pero también puede serlo mental (poética del espacio).



lunes, 25 de mayo de 2015

ENTREVISTA A CAROLINA SANÍN.



“Estar contenido en los demás es
como una historia
que está contenida en una historia mayor”


El desasosiego de lo extraño, de lo desconocido, de lo que no somos nosotros pero nos contiene, de cuanto acontece y está llamado a confluir, de alguna manera. ‘Los niños’ (Siruela), de Carolina Sanín (Bogotá, 1973). El lugar que deja de ser físico y se ensancha hacia lo terrorífico para replegarse después -casi sin interludio- a lo apacible. La tensión constante de que algo va a ocurrir, y ocurre, mas a ritmo pausado. ‘Los niños’, (Siruela), de Carolina Sanín, una novela que transita los límites y propone huecos.


 
¿Qué cosas nos son intermitentes en la vida?

Supongo que ese encuentro entre las personas, esa solidaridad o ilusión de solidaridad y compañía es intermitente, la percepción de que somos más que uno, de que vivimos con otras personas y en esas personas... todo eso no es una conciencia constante sino que aparece y desaparece, como ese estar en unidad con otro o sentir la separación abrupta del mundo. Creo.


La soledad sin paliativos, como la que gasta Laura Romero, ¿termina matando o sana?

Es una soledad que, en últimas, es la realidad; cada uno está solo, pero en la medida en que está solo se da cuenta de que también es los otros y de que tiene a los otros dentro de sí. Entonces la soledad real, que no es el aislamiento ni la sensación de abandono o desamor,  que es la realidad, en la medida que sea consciente es sanadora de alguna manera.


¿Cuál es la importancia de crear o transitar mundos imaginarios para sobrellevar el peso de la propia vida?

... uno no vive solamente en lo que a veces creemos que es la propia vida o realidad, visible y material, sino que siempre estamos viviendo en distintos mundos, y darse cuenta de eso, más que imaginárselo, sirve para agrandar la vida. Hay que tomar conciencia de que  la vida tiene muchos más o infinitos territorios, es más ancha y más larga porque está sucediendo en infinitos mundos, por ejemplo está sucediendo al mismo tiempo en ti y en los demás, y en los demás tu propia vida sucede de una manera distinta que en ti, es otra historia, y estar contenido en los demás es como una historia que está contenida en una historia mayor. A tu pregunta, es lo único que sirve para sobrellevar la realidad, porque te dice que la realidad no es solo aquello que parece, sino infinitas realidades, o al menos tantas como personas que te conozcan o como historias en las que existas o haya versiones de ti.


Laura tiene mucho de niña y Elvis –o Fidel-, de adulto; sin embargo, parece que nunca se llegaran a completar, como si existiera entre ambos un cristal que impidiese un contacto real...

¿Sí, verdad? Ambos están aislados y hay una imposibilidad de comunicarse, a pesar de que ambos son niños (a eso también se refiere el título). Es que ser niño implica que nadie sabe cuál es la experiencia de un niño, es algo que tenemos perdido para siempre, porque los niños no pueden decir su propia experiencia cuando son niños y, cuando hemos crecido, no sabemos qué fue lo que pasó, cómo vivimos el extrañamiento, un niño está y no está, siempre se dice en traducción, es la manera de ser niños de ambos, que implica ser desconocidos e inconocibles. Incógnitos.


Incógnitos...

Incógnitos, sí...


Laura acoge en su casa a un niño sobre el que desconoce todo. ¿En la ‘vida real’ estamos tan abiertos al presagio?

Tal vez sí sin que nos demos cuenta, son hechos más porosos y permeables de lo que nos creemos, creo que nos constantemente nos están pasando cosas de las que ni siquiera podemos dar cuenta porque no pasan en una narrativa lineal; de todo lo que vimos y vivimos en un día escogemos muy poco, pero cada una de las cosas que nos pasan darían como para una exponerla al infinito, se puede explotar de una manera relacionada con todo el resto de la realidad, en cada instante experimentamos el infinito pero nos enseñamos en hacer narrativas en las que seleccionamos parte de lo que nos pasa y hacemos sentido  de las cosas relacionándolas por ciertos caminos y de ciertas maneras necesariamente limitadísimas. Pero se puede hacer de otro modo. Como sucede en la novela.


Al hilo de esto, a la hora de seleccionar esos momentos vividos, ¿el escritor lo hace de un modo distinto al resto?

Sí, es distinta la manera de hacerlo en los distintos oficios, los oficios, al fin y al cabo, son maneras de relacionarse con la realidad y una ventaja para el que escriba es que puede demorarse con su propia experiencia, en las ideas, las imágenes, las puede abrir, ver qué más tienen dentro, sacarles patas e inventar que son otra cosa aparte de la que son.


¿Cuál es el embrión de esta historia?

De distintos lugares, no recuerdo muy bien qué fue primero... hubo varias películas en torno a una pareja improbable,  una mujer mayor y un niño que no es su hijo... ‘Gloria’, de Cassavetes, ‘Pixote’, de Héctor Babenco, ‘Estación central de Brasil’, de Walter Salles, ‘Harold y Maude’... todas ellas hablan de una pareja cuyo vínculo no es sexual, ni de filiación y casi ni siquiera de amistad, porque no hay territorio común discursivo, hay algo como de solidaridad desnuda, de compañía entre dos seres. Me interesaba esa pareja. Por otro lado, el interés en el terror (más en cine que en literatura) y en que el niño fuera casi lo horripilante, el niño es la víctima pero también infunde terror. Así fui creando esta historia.


“En esta otra mano, como pueden observar, sostengo un cuchillo provisto de su adecuado afilamiento, que puede emplearse para untar la jalea en el pan y para muchas otras funciones. El cuchillo no está en venta, puesto que es mi humilde herramienta de trabajo”. Hay muchas conversaciones cotidianas, a lo largo de la historia, teñidas de cierto aroma de tragedia, con un punto casi lorquiano...

Pues sí, como grotesco, tal vez... me gusta esa lectura que haces de tragedia lorquiana, de tragedia estilizada y lírica... hay intervenciones que tienen ciertos personajes que hablan con unos registros particulares. A mí me parecen irrupciones de la violencia, no sólo el terror sobrenatural que significa este niño, sino el terror de la realidad, esos monólogos escritos en registros orales particulares, este hombre que vende cosas en el bus, que es el registro de la pobreza que cree que tiene que hablar así. En Colombia existen estas personas que venden en el bus y que hablan así, sin saber muy bien lo que dicen, creyendo que hablar mejor es hablar de esa forma alienada, personas que no tiene lenguaje o más bien creen que no tienen lenguaje, lo mismo que el ámbito burocrático, y que termina siendo una cosa cantinflesca. Es una manera de violencia muy colombiana que me preocupa mucho y que por eso aparece en la novela en itálica, discursos enrarecidos y trágicos, como dices.


Hay momentos en los que el lector no sabe qué plano –real, irreal- se está moviendo, ¿eso sucede también en la realidad?

Sí, a mí desde luego, me sucede, por ejemplo soñamos cada noche y soñar es otra manera de vivir, se trata de un tema muy viejo, el gran tema del Barroco, la vida es sueño, cuál es el sueño y cuál es el despertad... me gusta saber que pude transmitir eso porque es lo que más me interesaba, ser capaz de crear esa confusión y ambigüedad entre las distintas realidades, me alegra que lo hayas visto... estamos en otra parte incluso cuando parece que estamos en un parte concreta...


¿Qué es lo más terrorífico y sublime de ‘Los niños’?

Lo más terrorífico es un pasaje que me asustó mientras lo escribía, el que narra el primer rapto del niño, cuando se queda solo en la casa y empieza a hablar con el perro, como en un trance... y creo que pude tocar algo mejor cuando está viendo las fotos de las ballenas, esa parte es el otro lado del terror, y me consuela.
 
 
Esther Peñas
 
 

lunes, 11 de mayo de 2015

ENTREVISTA A CLARA JANÉS.





“El poema te responde qué eres”






La mujer y la literatura forman un ramaje tan frondoso como fecundo. El primer escritor del que hay constancia fue una mujer. La sacerdotisa acadia Enheduanna. La primera novela datada la escribió una mujer. Murasaki. Estas dos referencias abren la hendidura y nos dan una pista del calado femenino en las letras. Letras de todos los tiempos, letras de todos los lugares. Clara Janés (Barcelona, 1940) ha trazado una fascinante y hermosa cartografía sobre el asunto. El resultado: ‘Guardar la casa y cerrar la boca’ (Siruela).

¿Cómo es posible que no tengamos conciencia nítida de la importancia tan capital de la mujer en la literatura de todos los tiempos? 

Es verdad... a medida que iba descubriendo estas cosas me iba quedando atónita. Durante mucho tiempo guardaba datos, noticias, apuntes, hasta que se impuso hacer un libro porque eran muchas; esta cuestión es como un cesto de cerezas, coges una y sacas otras muchas. Es muy interesante. Lo más asombroso fue descubrir que el primer escritor de la historia fue una mujer, la suma sacerdotisa acadia Enheduanna, alrededor del 2.500 a.C. Me enteré casi por azar. En un encuentro de poetas árabes en el que participé, conocí a una poetisa iraquí a la que le conté que había escrito un libro erótico en el que me investía de todas las diosas de la fertilidad; a los años, volví a coincidir con ella en Sicilia y me contó que había hecho lo mismo, y me habló de Enheduanna. Me encanta que el comienzo de la literatura sea una mujer enfrentándose a los sacerdotes. Es fantástico.

En este viaje, que tiene paradas tan distintas (en el tiempo, en los territorios), sorprende que el erotismo presidiera la escritura femenina, porque nos han hecho creer que se trataba de un asunto al que la mujer no le concedía importancia alguna...

Sí, otra de las mentiras que nos han contado... Desde Murasaki, que es el primer novelista de la historia, también mujer, es un tema que ha interesado y mucho a las mujeres... También esta cuestión los dos idiomas, el hombre culto tenía que escribir en chino, mientras que la mujer tenía que emplear un idioma silábico, mucho más natural. Esto ocurre en China, pero también en Japón y Corea. Es una de las paradojas alucinantes. El hombre no puede expresar lo que siente, ha de atenerse a las normas de la poesía china, y por tanto la mujer es la gran contadora. ‘La historia de Genji’, de Murasaki, ha sido comparado con ‘El Quijote’ y ‘El Decamerón’. Hay otras muchas... Wu Tsao, por ejemplo, una poeta coreana lesbiana, con una poesía intensísima, o las  arabigoandaluzas, como Muhya bint al-Tayyani, con poesía tremendamente  erótica...

Y en cuanto a las personalidades en las que se detiene, Hipatía, María de Zayas, Claopatra VII, Murasaki, Safo,  ¿con cuál se identifica más y por qué?

Me impresionaron muchas; particularmente, por la afinidad que siento, sor Juana Inés de la Cruz. Sor Juana tenía unos intereses y curiosidades enormes, y se hace monja porque quiere estudiar, es una paradoja de aquella época, la mujer que se encierra es la más libre ya que puede educarse para que evolucione su mente; tenía muchos conocimientos astronómicos (era amiga de Siguenza y Góngora, uno de los grandes intelectuales de entonces), musicales, y defiende el derecho de la mujer a tener acceso a la cultura. Al final la obligaron a arrepentirse, me parece muy fuerte que sea obligada a declararse la peor de todas... Murió cuidando enfermos. Es una poeta maravillosa. Pero te puedes identificar con otras muchas... con las mujeres afganas, que a pesar de la burka hacen poemas al amante (no al marido, del cual se burlan), jugándose la vida porque corren el riesgo de ser dilapadidas...

¿Está de acuerdo con Santayana con aquello que dice de que “la inteligencia es un injerto de la pasión”?

Es una de mis frases favoritas, estoy totalmente de acuerdo; de hecho, este año participo en el congreso en París cuyo tema es el placer, y quiero hablar del erotismo y misticismo, del misticismo como pasión erótica...

Es un maridaje fascinante...

Desde luego. Me sorprendió muchísimo una lectura que hice en verano, la correspondencia entre Jüng y Wolfgang Pauli, Nobel de Física y el reflejo en ciencia a lo que Jüng supone en temas de psicología. El inconsciente es el equivalente de la función de onda en física, para mí está clarísimo, en el inconsciente se puede encontrar todo. ¿Qué le pasaba a Santa Teresa? Su inconsciente, la séptima morada es un instante erótico. Habla del furor de amor... Hadewijchva más allá y lo denomina la “el devoramiento mutuo de Cristo y el alma en la eucaristía”.¿Qué más se puede decir?

Lástima que el inconsciente no aflore en modo y tiempo a nuestro placer...

Claro, no siempre es desvelable, pero la fuerza que tiene es lo que me interesa, cómo sin saber por qué haces algo. Me di cuenta de esta fuerza a finales de 2013, cuando escribí un libro de poemas en cuatro días y medio, sin saber por qué lo hacía. Hablaba de la ciencia y el erotismo, ‘La función de onda’. Después leí lo de Pauli y entendí por qué lo había escrito. Mi insconsciente se manifestó.

El inconsciente como la poesía, revelación...

Por supuesto, en poesía pasa mucho, durante mucho tiempo escribes sin saber muy bien qué te está diciendo el poema, un verso menor de pronto se convierte en piedra angular, escribes enloquecida y el poema te responde qué eres, qué estás diciendo de ti. En ese libro que te comentaba apareció una parte escondida, la de un erotoismo movido por la inteligencia. Al leer el libro de Pauli lo entendí perfectamente.

Hay una apartado sobre trovadoras, guerreras e iluminadas. Las dos primeras, de nuevo, abren la grieta al asombro.
 
Esta historia de las cortes de amor es tan complejo e interesante... la mujer tenía que ser conquistada para después convertir al hombre en su vasallo; otra cosa son las guerreras, estas mujeres que se empeñaron en ir a las Cruzadas. Hablamos de alrededor de dos mil. Cuando encontré este dato me quedé estupefacta. Ramón Muntaner lo cuenta, y casi ni te lo puedes imaginar. No han hecho creer que era impensable, imposible, pero lo cierto es que la mujer tenía la posibilidad de hacerlo.

Las mujeres, ¿se han visto más prisioneras del hombre, de la religión, de sí mismas o de la cultura para abandonarse a las letras?

Primero, por su propio cuerpo; el cuerpo de una muejr es distinto al de un hombre. Ahora no nos damos tanta cuenta pero en la antigüedad, con doce o trece hijos, de los cuales sobrevivía uno o dos, suponía una dependencia y dificultad enormes, la obligaba a estar pendiente de su cuerpo, algo que la sociedad y el hombre aprovechan para quitarla libertad. Pero también se da el caso, nada puntual, de la mujer que se autolimita. Por eso me extraña y me disgusta cuando leo acerca de las mujeres occidentales que se hacen musulmanas, no entiendo el cambio de religión, pero mucho menos que una mujer que tiene posibilidades y derechos renuncie a ellos.

¿Por qué no entiende los cambios de religión?

Verás... el último encuentro encuentro entre Rosa Chacel y María Zambrano, que propicié yo...

Echaba de menos a estas alturas de la conversación alguna referencia a Chacel...

... no me canso de citarla. En ese encuentro hablaron de muchas cosas. De pronto, Rosa dijo: “Yo soy católica porque así me hicieron”. María respondió: “Yo lo soy porque no voy a renegar ahora”. Esto me chocó muchísimo, pero después entendí que la religión es una cuestión cultural. Que llames a dios  Cristo o Alá es lo de menos. El credo es una forma de instalarte en la realidad; si ya tienes una, no busques otra. Tampoco creo en el fondo en estas realidades, lo importante para mí es entender la vida. Si sirve el credo para hacerlo, perfecto. ¡Ah! Otra cosa preciosa también de Rosa Chacel. Cuando publicó su poesía, la entrevisté para ‘ABC’. Estaba hablando de dios y le pregunté que qué quería decir cuando afirmaba que ella creía en dios. Se quedó en silencio y me respondió: “Que creo en la vida”. Ahí nos entendimos.  Dios como energía vital. Ya lo decían los Upanishad.



Es que Chacel, con Zambrano, es, quizás, la escritora más intensa del XX...

Un ser de una libertad absoluta y de una gran profundidad. No había nunca impostura, engaño, era la piedra en el estanque. Fantástica.

¿Se diferencia más la mujer del hombre en cómo escribe o en aquello sobre lo que escribe?

Las dos cosas van unidas... suelo decir que cualquier libro es un encefalograma y un electrocardigrama.





*Todas las fotografías pertenecen a Javier Lorente.

martes, 14 de abril de 2015

GALEANO O LA VOZ DE LOS INSURGENTES



Galeano 
o la voz de los insurgentes

 
 

Su propio apellido resulta un arrullo de espuma batiente. Un zig-zag al pronunciarse que deviene en parón debilitado. Murió ayer este uruguayo de alma descamisada y trazo en verso denunciante siempre. Murió ayer este poeta que fue voz de los pequeños a pesar de los tiempos y de los reconocimientos. Abrió las venas de América Latina y las llenó de abrazos. Recorrió el territorio levantando acta de los saqueos sufridos, de los excesos consumados, de la violencia sembrada. Todo ello sin perder atención a cada uno de los “ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”. Todo ello haciendo de lo rudo, lo escandaloso, lo brutal, tejido poético. Quizás cosa del apellido materno, el que se pespuntó al nombre. Eduardo Galeano.


En España escribió su trilogía ‘Memoria del fuego’ (Los nacimientos, Las caras y las máscaras y El siglo del viento), en la que ahondó más en las causas y desastres del continente al sur. Y concluyó en síntesis, lo que ya sabíamos a nuestro pesar: que la historia de América Latina es la historia del despojo de los recursos naturales. También ‘El libro de los abrazos’ (textitos mágicos, que abrazan, desde luego, y sostiene la mano, y recogen el llanto que asoma de pura belleza ante el modo y manera en que este uruguayo insensato mezcla las palabras -que saben a nieve-); ‘Amares’ (recopilación de golosinerías: “Nos amábamos rodando por el espacio y éramos una bolita de carne sabrosa y salsosa, una sola bolita caliente que resplandecía y echaba jugosos aromas y vapores...”); ‘Patas arriba’ (sobre la descompensación cardíaca y solidaria de este mundo) y tantos otros títulos...


Pero fue mucho más. Fue, por ejemplo, periodista. Con 14 años vendió su primera caricatura política al semanario 'El Sol', del Partido Socialista. Después se convirtió en editor de ‘Marcha’, un semanario en el que confluían otras miradas nada displicentes (Benedetti, Vargas Llosa), de ‘Época’, funda ‘Brecha’... Fue, por ejemplo, militante de la izquierda (la izquierda como tierra en la que la raíz misma une al cosmos y lo trasciende). Fue, por ejemplo, un entusiasta de las causas echadas en abandono, y siempre que pudo colocó en ellas una bomba como quien dinamita el corazón mismo de la muerte. Fue muchas cosas, este Eduardo.


Y sucede, en ocasiones, que se muere alguien, alguien a quien has escuchado, a quien lees por las noches en la intimidad de la ciudad que duerme, y repites sus palabras como jaculatorias mágicas que convocan, y te sientes un tanto como su hermano, o su amigo, incluso su amante si la acaricia prevalece. Y sucede que un día muere y tú te sientes un poco menos tú, un tanto más indefenso, acaso como si a un poema se le usurpase una palabra última del verso. 


Es extraño, que muera alguien a quien no conoces (o sí, de otra manera) y de pronto se te arranquen las ganas de ese día. Y en la noche, así como hay noches en las que se te atraviesa esa mujer única en los párpados, haya un Galeano que evoque sus versos, y sus metáforas. 


Un día muere alguien, se marcha alguien, y el universo entero parece que se estremece.  


‘La pequeña muerte’: “No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndose nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace”.